A veces no todo va como uno quiere, las cosas parecen ir bien pero un día todo se tuerce, todo empieza a ir mal y ya no tienes fuerzas para continuar. Quieres que todo salga bien, deseas ver un poco de luz entre toda la oscuridad que te rodea...pero nada cambia, todos tus esfuerzos parecen hechos en vano. Piensas en aquellas personas que te hacen sentir que tu vida aún puede tener algo de sentido, aunque solo sea por un instante. Y es entonces cuando sabes quienes son aquellas personas en realidad; aquellos que sin saberlo te cogieron un día de la mano y sin soltarte en ningún momento, te han ayudado a caminar. Coges sus manos fuertemente, tenías tantas ganas de agarrarlas tan fuerte. Y por unos momentos sientes que todo el camino y el esfuerzo realizado hasta ahora ha merecido la pena, para poder vivir ese instante. Porque ese instante es el que desde hace tiempo te ha dado vida. Incluso tiempo antes de vivirlo te regaló momentos inolvidables, momentos que no cambiarías por nada.
Y, entonces, por un momento tu mente piensa, ¿qué será de ti al salir de aquel lugar? No quieres volver a sentir como las lágrimas brotan de tus ojos, sonriendo una se siente tan bien... Piensas en todo lo que crees que te espera allá fuera, piensas en lo doloroso que puede llegar a ser el camino que te lleve a un nuevo instante de felicidad, piensas en todo por lo que has pasado... Y de nuevo sientes esas manos tirando de ti, siempre adelante, siempre con la cabeza bien alta impulsándote a mirar hacia arriba, tienes que verlos y cantar a pleno pulmón, y por primera vez en la vida sientes que te lo tienes merecido. Intentas retener ese momento en tu mente porque en tu fuero interno crees que no habrá ninguno más, que después de ese momento correrás buscando uno nuevo, pero solo podrás verlo reflejado en tu mente porque sientes que todo acabará cuando esas luces se apaguen al final del concierto y que no habrá ninguno más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario