It hurts.

Dicen que a través de las palabras, el dolor se hace más tangible. Que podemos mirarlo como a una criatura oscura. Tanto más ajena a nosotros cuanto más cerca la sentimos. Si uno de estos pequeños granitos enferma, el resto del organismo enferma también. Pero yo siempre he creído que el dolor que no encuentra palabras para ser expresado es el más cruel, más hondo… el más injusto.

domingo, 9 de enero de 2011

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Todo esto es como un simple espejismo. ¿Dónde está ese dolor desconcertante? Todo cambió repentinamente de un día para el otro y hoy, estás aquí, frente a ese espejo que muestra tu propio rostro. Aún te quedan esas marcas profundas y moradas debajo de tus ojos, esas marcas que revelan infinitas noches de insomnio, infinitos días sin luz, infinitos momentos de angústia, lágrimas, sudor... Miras más detalladamente, y tus ojos aún siguen rojos. Recorres un párpado con la yema de dos de tus dedos helados y te escuece. Insistes más frente a tu rostro pálido. Unos ojos saltones te delatan de la más pura pena. Están hinchados desde hace meses. No sabes qué hacer. Sonreír saldría fuera del realismo pero llorar tampoco sería lo más normal.
Sigues con miedo y anhelo, sigues derramando lágrimas en tu almohada noche tras noche, sigues esperando que llegue ese momento, sigues esperando esas palabras...solo esas palabras que te desvelen que tu sueño va a ser cumplido, esas palabras que parecen eternizadas en el horizonte.
Y miras de nuevo tus ojos, tus mejillas están llenas de lágrimas desvanecidas... Aunque el dolor interno sanó medanamente durante aquellos dos últimos días. Pero aunque las heridas hayan cicatrizado, permanecen y jamás se olvida todo el calvario, las infinitas noches de insomnio, los infinitos días sin luz, los infinitos momentos de angústia, lágrimas, sudor...

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