It hurts.

Dicen que a través de las palabras, el dolor se hace más tangible. Que podemos mirarlo como a una criatura oscura. Tanto más ajena a nosotros cuanto más cerca la sentimos. Si uno de estos pequeños granitos enferma, el resto del organismo enferma también. Pero yo siempre he creído que el dolor que no encuentra palabras para ser expresado es el más cruel, más hondo… el más injusto.

sábado, 5 de febrero de 2011

Hoy, hace diez meses.

Como cada cinco de cada mes, el dolor golpea con fuerza cada terminación nerviosa de mi cuerpo, logrando hundirme en el más duro de los calvarios. Un suplicio, algo que me tocará vivir hasta el último día de mi vida, un dolor que nunca desaparecerá, si no que yo, me haré lo suficientemente fuerte cómo para soportarlo. No hay más, soy incapaz de superarlo. En cuanto menos me lo espero, vuelvo a caer, me veo hundida en lo profundo, sin nada que me salve, porque su sonrisa desaparece de mi mente, como si nunca hubiese existido. Aquella sonrisa que fundía el hielo, que congelaba el fuego, que movía montañas y que conseguía hacer latir mi corazón con tanta fuerza, cual protagonista en una película de miedo. Aquella sonrisa por la que luché durante los tres últimos años de mi vida, ahora se desvanecía. Y el dolor crecía en mi, como la rabia y la impotencia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario