It hurts.

Dicen que a través de las palabras, el dolor se hace más tangible. Que podemos mirarlo como a una criatura oscura. Tanto más ajena a nosotros cuanto más cerca la sentimos. Si uno de estos pequeños granitos enferma, el resto del organismo enferma también. Pero yo siempre he creído que el dolor que no encuentra palabras para ser expresado es el más cruel, más hondo… el más injusto.

sábado, 8 de enero de 2011

Ma dream make came true.

Riiiiiiiiiiiiiiing(8)
- ¿Sí?
- ¿Haces algo el 27 de junio?
- Náh, ¿por?
- Pues ahora sí tienes algo que hacer.
- ¿Qué?
- Lo que oyes. Tenemos un sueño por cumplir ese día.
- ¿Eh? o.O’
- Enana, ¡que vienen a Barcelona!
Sí, esa llamada cambió el sentido de mi vida. Alguien algún día, me demostró que si luchas por tus sueños, al final acaban cumpliéndose. Llevaba incontables meses esperando ese momento, un momento que al final llegó, sin más impedimento que las notas de fin de curso. Hice todo lo que pude por sacarme el curso adelante. Al final, la entrada llegó a mis manos un 4 de mayo hacia las once y media de la mañana. Ahí empezó la lucha incondicional, real. Días enteros estudiando, noches sin dormir por la histeria incontrolable que llevaba encima todos esos días; el corazón no dejaba de latir por un mismo sentimiento, por una misma ilusión: les vería. Llevaba la cuenta atrás en mi agenda; en mi calendario; en los mensajes que mandaba a todo el mundo; en mis manos, donde todos los días dibujaba el número de días que faltaban y un corazón; en la agenda del móvil; en el fotolog; en el nick del messenger; en el corazón. No había día que no me acordara de todo lo que tenía que vivir. Me esforcé al máximo para hacer que mi sueño se cumpliera ese día. Esos 92 días de espera fueron los más largos de mi vida, pero mereció la pena esperar.
26 de junio: no puedo describir lo que sentí durante todo ese día. Intentaba asimilar que al día siguiente iba a verles, pero era imposible creerlo. Pasé toda la noche en vela; viendo videos, escuchando sus canciones, de pié frente a los pósters pensando en que mañana dejarían de ser papel, escribiendo textos, matando al tiempo. Por mucho que lo intentara, no lograba cerrar los ojos. Me acosté unas treinta y cuatro veces, pero en ninguna de ellas logré perder la sensación del vivir y dormirme por unos instantes. Fue la noche más larga de toda mi vida. Cuando escuché el sonido de mi alarma a las nueve de la mañana me dio el mejor ataque de locura que me había dado en la vida. Estaba sentada en mi cama apoyada en la pared, cuando de repente empezó a sonar mi móvil:
And now we're here again
Up on your roof so high
The whole world can just go to hell
For all I care tonight
I can feel the end is near
It all has come, as we had feared
And if our final day has come
Let's pretend to carry on
And if the end has now begun
Live on
Live on
El día final había llegado.
- ¡Mamá, mamá! ¡Despierta corre! ¡Tenemos que irnos!
- Mmmmmm. =.=
- Mamá, ¡que te levantes he dicho! ¡El día ha llegado! Tenemos que ir a por las notas y luego hacia allí. Corre mamá, por tu vida, ¡corre!
Me puse la ropa, me peiné, cogí las maletas, el cartel, la entrada, mi jirafa. No pude ni desayunar, estaba nerviosa. Abrí corriendo la puerta y salí a la calle.
- Por fin. Gracias.
Miré hacia el cielo, completamente azul, sin nube alguna.
Tuve que ir a recoger mis notas. Dos asignaturas suspendidas; inglés y matemáticas. El mundo se me cayó encima.
Riiiiiiiiiiiiiiiing(8)
- ¿Sí?
- ¿Aún no vienes?
- No lo sé.
- ¿Qué pasa?
- Tengo dos de suspendidas.
- ¿Dónde estás?
- Acabo de salir del tuto.
- De venir, vendrás, lo sabes.
- No sé. Bueno, es posible. Cuando esté llegando te llamo.
- Tía, que sólo quedan horaaaaas.
- Lo sé twin. Estoy en plan: No sé lo que estoy viviendo. Tengo miedo.
- Báh, nada de miedo. Sueña un poco más, aún tienes tiempo, esta noche…
- Sí, esta noche no tendremos que soñar.
- Eso mismo.
- Ale, hasta luego.
- Adiós.
Era Miriam. Dentro de poco iba a verla, por segunda vez.
Mamá me miró a los ojos y me dijo:
- No sufras más. Hoy es tu día.
Me senté en el coche y me puse a escuchar las canciones que iba a escuchar esa noche en directo y el rato pasó muy rápido. Llegué a Terrassa y me encontré con Miriam. El sueño empezaba a estallar en mi vida. Estuvimos haciendo las tonterías más grandes que nunca habíamos hecho, estábamos nerviosas. Nos pusimos los tatuajes, salimos a la calle, conocí aGio; que maja ella. Llegó la hora de ir hacia casa de Miriam a buscar todo lo que necesitábamos para el concierto: el cartel, las entradas, el ticket de las entradas, el permanente edding (estoy enamorada de ese permanente, ¿sabéis por qué?), las dos botellas de agua (las cuales no sirvieron para mucho porque las tuvimos que dejar fuera)… Subimos al coche a las 7:10, y fuimos hacia Barcelona. Por fin. Tan sólo faltaban dos horas y veinte minutos. Después de 92 días de espera, el momento se estaba acercando. La cuenta atrás estaba terminando. Mientras íbamos en el coche escuchamos esa canción que dice: It’s the final countdown! Cuanta razón tenía… Al llegar a Barcelona logramos encontrar a mi madre y a mi hermana en esas súper escaleras mecánicas que van de plaza España hasta Montjuïc. Ahí vimos un cartel que ponía Tokio Hotel; 1000 Hotels European Tour; 27 Junio 2008; Palau Sant Jordi, lo vi y me dio un ataque, el día había llegado; miraba la fecha en mi móvil y ponía: Vi. 27.06.2008, tanto tiempo deseando ver esta fecha en mi móvil y por fin estaba ahí, tan sólo por unas horas. Bajamos del coche y empezamos a subir una cuesta para llegar a la puerta del Palau; antes de llegar, encontramos una baya y a lo lejos vimos ese Tour-Bus que en tantos vídeos habíamos visto. Me llevé las manos a la cabeza y empecé a llorar. Pensar que posiblemente estaban detrás de esa pared me hacía volver loca. No podría verles hasta dentro de una hora o un poco más, y ese rato parecía eterno. Hubiera dado lo que fuera para poder entrar ahí adentro y estar, aunque fuera un segundo, al lado de ellos. Es imposible de describir con palabras lo que sentí cuando me di cuenta de dónde estaba. Pero en el fondo, creo que ni ahora sé dónde estaba. Aún no me creo que hayan sido ellos los que han cumplido mi sueño. Es imposible de creer que cuatro chicos como ellos hayan logrado hacerme sentir la persona mas feliz de todo el universo entero.
Y después de haber llorado por ver el Tour-Bus, tocaba ir hacia la puerta, despedirme de mamá y mi hermana y adentrarme con mi twin hacia la locura. Primero pasamos por un hombre (muy majo el tío), el cual miró en mi mochila y nos quitó las botellas de agua, las cuales nos guardaron los padres de mi queridísima twin *.* Luego cruzamos una puerta y otro hombre nos pidió las entradas que tanto preciábamos. Yo, sinceramente, tenía mucho miedo que me la rompiera por la mitad y quedarme sin ella, pero el tío nos lo hizo bien y sólo quitó la parte que tenía que quitar. Ya no podía más, me temblaban las manos y tenía un nudo en el estómago impresionante. No me acuerdo apenas de cómo era la parte por dónde compramos las barritas de luz. Sólo sé que había un hombre detrás de una mesa con un mantel de color negro repleto de lucecitas de colores; detrás de él había una tela, también negra, en la que había colgadas más barritas de luz. Compramos dos barritas y nos las guardamos. Vimos también al lado de la tiendecita montada para la ocasión, otra con camisetas y todo tipo de cosas. Pero en medio de las dos tiendecillas, había por dónde se iba a foso. Miré a través de ese arco enorme que daba paso a los miles de gritos que inundaban ese pabellón y logré ver al fondo de la sala, el escenario con la tela negra que lo tapaba. Las manos me temblaron y desde ese momento no dejaron de hacerlo. Fuimos hacia unas escaleras que indicaban el número de sectores que había al piso donde llevaban las escaleras. Subimos hasta los sectores doscientos. Andamos hasta el final de la sala, casi a la altura del escenario. Y vimos en un cartel de color gris con los números en blanco 224. Entramos y volvimos a sacar la entrada para que la chica que estaba allí nos dijera dónde estaban nuestros asientos. Con una sonrisa le dijimos gracias a la chica y nos sentamos histéricas en nuestro sitio. Asiento 17 y 19 del sector 224 y en la fila 29. Sí, estábamos bastante hacia arriba, pero las cosas cambiaron a medio concierto. Estuvimos un rato esperando, ese rato pareció no acabar nunca, pero cuando la luz se apagó todo pasó cómo un chasquido de dedos. No tuve tiempo de asimilar nada, sólo lo sentía en cada rincón de mi cuerpo. Estaban ahí, y nada ni nadie me impedían verles. Eran ellos, esos cuatro chicos que me habían ayudado a crecer, el amor de mi vida. El sueño de mi vida por fin se había hecho realidad. Cómo he dicho, a medio concierto la cosa cambió. Pasé de verles a lo lejos, a verles a escasos metros. Llegamos a primera fila de grada, justo al lado del escenario, deTom. Y nos pusimos de pies encima de las sillas, para ver mejor. Disfruté cómo una enana. Parecía ser un sueño, pero no. Era verdad, realmente mis ojos estaban viéndoles en ese preciso momento. Nada dolía. Todo era especial. Cada momento que pasaba a su lado era diferente. Y no importaba lo que hubiera pasado fuera de esas cuatro paredes, mi mundo estaba ahí a dentro. Y las personas que más quiero también. Ellos y mi mejor amiga estaban conmigo. Mi vida empezó y terminó esa misma noche. Y aunque sepa que no habrá más momentos como ese, intento creer en que alguna vez podré revivirlo con la gente que he conocido posteriormente. Una de ellas que ya lo ha vivido en otro sitio, en la otra punta de España; y las demás, que sueñan con una primera vez tan especial cómo la que viví yo ese día 27 de junio. Prometo no olvidarlo nunca.

2 comentarios:

  1. Dios Anais, me has matado... escuchando Zoom into me, Monsoon y Forever Now encima... si es que... uff... dios, qué bonito tía! Y claro que lo revivirás, y quedaremos para que la cola se nos haga menos pesada... sabes que me tienes aquí para lo que necesites, y cuando no sepas qué hacer y quieras desahogarte, sabes que a través del ordenador me tendrás, o sino llama a cualquier hora por ese teléfono, que yo estaré al otro lado para escucharte. Te quiero mucho Anaís, eres de las personas que, con poco tiempo de trato, se les coge mogollón de cariño, y no sabes cómo te quiero.
    Enserio cielo, ¡lo vivirás! Sólo hay que seguir esperando... sí, sé que es duro... quién mejor que tu para saberlo... pero, siempre es la misma canción, pero como dices, esos 92 dias de espera en esa ocasión sirvieron, pues, ésta vez, no se sabe cuánto tiempo, pero valdrá más la pena, porque les VOLVERÁS A VER! Te quiiieroo muuuucho y ahora a dormir, (L)

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  2. Gracias Raquel, muchísimas gracias.
    Te quieeeero.

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